NFL: Miami, con un estadio anticuado, se queda sin Super Bowl

Ya 71 años, 'Charlie Hustle' aún abriga la esperanza de ser perdonado y finalmente reconocido justamente en Cooperstown (algunos de sus artículos son exhibidos en el museo, pero su gloria continúa ausente del pabellón de inmortales)

La decisión esta en manos del comisionado de la pelota Bud Selig, quien en realidad nunca ha tenido apuro de absolver al JMV de la temporada de 1973 y de la Serie Mundial de 1975 con los escarlatas.

Reconozco que Rose mereció una sanción ejemplar tras su grueso error, pero también opino que 23 años de condena son suficiente para aquella falla. Hasta los asesinos suelen salir antes de la cárcel.

Con la misma convicción que me inclina a votar por Bonds, Sosa, McGwire, Clemens y Palmeiro, considero que ha llegado el momento de condonar a Pete Rose y colocar finalmente su placa en el Salón de la Fama.

Y el día que al fin se haga justicia, correré en su honor a toda velocidad del plato a la inicial...tal como lo hacia 'Charlie Hustle' cada vez que recibía una base por bolas.

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Cooperstown: tiempos tristes en la pelota (Bonds, Sosa, Palmeiro y el resto son inmortales)

El 9 de enero de 2013 fue un día triste para el béisbol. Un día abrumadoramente decepcionante.

Al menos para mi. Uno de los pocos que considera a los peloteros sospechosos —o culpables— del consumo de sustancias prohibidas antes de 2002 (cuando aún no existía una política anti esteroides en la pelota) como víctimas y no como villanos en este circo de hipocresía.

Para mi que siempre he señalado esta tardía pesquisa como una estéril cacería de brujas individualizada cuando los verdaderos responsables del escándalo fueron aquellos que en su momento sabían del consumo masivo de sustancias ilegales y que aún gozando del poder para frenar la trampa, no hicieron nada.

Me refiero al comisionado de las mayores, a los ejecutivos y dirigentes de equipos, a los investigadores del FBI y a los medios de comunicación que se hicieron de la vista gorda mientras los peloteros se transformaban en huracanes de músculos y los récords caían como moscas.

Y nadie hizo nada porque era lo sensato —o lo más conveniente— en ese momento; poco después de la devastadora huelga de peloteros de 1994 que por poco arruina al béisbol.

Así fue como en aquella época, los grandes batazos y sluggers como Mark McGwire y Sammy Sosa; y más tarde Rafael Palmeiro y Barry Bonds, entre otros, rescataron a la pelota de la miseria y devolvieron los fanáticos a los estadios.

Por eso insisto que esta semana ha sido devastadora para un béisbol que, lejos de voltear la página del "era de los esteroides" y reconocer que se trató de una metida de pata colectiva, le sigue echando sal a una herida auto infligida.

Tristemente, el miércoles ningún pelotero fue elevado al Salón de la Fama que cada año pierde credibilidad mientras la mayoría de los miembros de la Asociación de Escritores de Béisbol de América (BBWAA) —grupo al que pertenezco— castiga a todo aquel con tufillo a jonronero.

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