NFL: Miami, con un estadio anticuado, se queda sin Super Bowl

Es por eso que hoy ninguno de esos jugadores, incluyendo a Roger Clemens, debe ser juzgado retroactivamente y aquellos con las estadísticas necesarias deben ser incluidos en el Salón de la Fama.

Insisto. No fue hasta la temporada de 2002 cuando, tras el escándalo del laboratorio BALCO, se estableció una política anti esteroides en la pelota. Previo a esa fecha, los anabólicos y otras fórmulas para mejorar el rendimiento físico no eran ilegales en el béisbol.

Y por ello que siempre he considerado esta tardía pesquisa como una estéril cacería de brujas y la más vergonzosa muestra de hipocresía jamás llevada a cabo en la historia del deporte.

Pero la hipocresía no fue producto de los peloteros, que fueron usados como conejillos de indias en una metida de pata colectiva, sino de aquellos que en su momento sabían del consumo masivo de sustancias ilegales y que con el poder para frenar la trampa, no hicieron nada.

Me refiero al comisionado de las Grandes Ligas, a los ejecutivos y dirigentes de equipos, a los investigadores del FBI y sobre todo a los medios de comunicación que se hicieron de la vista gorda mientras los peloteros se transformaban en huracanes de músculos y los récord de jonrones caían como moscas.

Todos se beneficiaron de la farsa que nació de la necesidad de rescatar al béisbol de la tragedia tras la huelga de 1994.

Los jonrones eran por aquellos días como flautas mágicas que atraían fanáticos a los parques y aumentaban los ratings de televisión. Gracias a aquellos héroes —que hoy tratamos como villanos— el béisbol sobrevivió.

Basta de hipocresía.

Sosa, Bonds y Clemens, que por primera vez aparecen en la papeletas del Salón de la Fama; al igual que Palmeiro y McGwire, que han recibido poco apoyo de los votantes en años anteriores, pertenecen a Cooperstown

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"Macho" y la maldición de los boxeadores puertorriqueños

Quizás 'Macho' Camacho había muerto mucho antes de recibir aquel balazo mortal hace una semana en Puerto Rico.

Su deceso seguramente comenzó cuando se hizo campeón mundial y marcó lo que sería una vida gobernada por los escándalos, las drogas, el alcohol, los excesos, la fama, farsa, ignorancia, la traición...En fin, todos los ingredientes necesarios en una tragedia anunciada.

Graduado de la universidad de la calle, con un master en guapura de esquina y excentricidad, Camacho, de 50 años, pertenece a una estirpe maldita. La de los pugilistas de Puerto Rico.

Así como la familia Kennedy en Estados Unidos; o el clan vampiresco los Báthory en Transilvania, muchos de los más grandes púgiles boricuas de todos los tiempos han sido perseguidos por las desgracias tras breves períodos de resplandor y fortuna

Por alguna jugarreta sucia del destino terminan presos de los vicios, desquiciados, enfermos, pobres, encarcelados, olvidados o muertos.

Terminan sumidos en una miseria tan brutal, que los vivos parecen muertos. Como lo habría estado el 'Macho' antes de fallecer.

Entre los afortunados que murieron antes de continuar sufriendo se cuentan dos de los mejores peleadores puertorriqueños de la historia: Esteban De Jesús y Edwin 'El Chapo' Rosario.

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