NFL: Miami, con un estadio anticuado, se queda sin Super Bowl

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El fracaso de Jackie Robinson (cada vez hay menos afroamericanos jugando pelota)

Jackie Robinson debe estar revolcándose en su tumba.

Cuando se cumplen 66 años del debut en las Grandes Ligas del primer pelotero negro, el número de jugadores afroamericanos en las mayores figura en uno de sus puntos más bajos: apenas 8.5 por ciento.

Y aunque la cifra es preocupante, en realidad representa un incremento con relación al año pasado (61 jugadores para 8.1%).

En la última década el número ha fluctuado muy poco (10.2 %, por ejemplo en 2008); y siempre ha reflejado una clara tendencia: cada vez menos atletas negros juegan béisbol.

¿Por qué?

Todo parece indicar que el problema descansa en la necesidad económica del grupo social y algo de moda cultural.

No es secreto que el baloncesto y el football, deportes que ofrecen mayores y mejores incentivos inmediatos a los atletas aficionados, son mucho más populares que el béisbol entre los jóvenes negros, particularmente aquellos de bajos ingresos.

Así mismo, culturalmente, los afroamericanos se identifican más cómodamente con el baloncesto, por ejemplo, por el legado de atletas de la talla de Michael Jordan, LeBron James o Kobe Bryant; o cosas tan simples —o complejas— como una zapatilla o la asociación del mundo del hip-hop al juego.

Y mientras el básquet se puede practicar en un callejón o un parque de barrio pobre entre rap y algo de rebeldía, el béisbol es una actividad relativamente cara que requiere más logística y orden.

Hace ya varios años, el ex jardinero de los Marlins, Gary Sheffield ofreció una teoría cantinflesca al tratar de explicar la progresiva desaparición de los jugadores de color en la pelota y al mismo tiempo metió la mata con los hispanos.

Intentando demostrar el fenómeno de los atletas latinoamericanos como la minoría más predominante en las mayores, Sheffield dijo que éstos eran "más fáciles de controlar".

De acuerdo al veterano patrullero, a los latinos se les puede "decir qué hacer", mientras que con los negros el asunto es diferente.

De donde vengo, no nos puedes controlar", señaló Sheffield en una entrevista con la revista GQ. "Quizás le puedas indicar a un muchacho (negro) lo que debe hacer por un tiempo porque ello le beneficia. Pero al final, regresará a ser quien es. Y esa es un persona a la que le hablarás con respeto, como hombre".

Obviamente, Sheffield nunca habló con el dominicano Manny Ramírez, el venezolano Carlos Silva o el panameño Rubé Rievar, tres chiflados hispanos.

Lo despistado de Sheffield, tal vez, ilustre de alguna forma aquel fenómeno, pero la verdadera razón es otra: una de carácter puramente económico que opera en favor de los jugadores extranjeros y conspira en contra de los negros (por ser parte del grupo norteamericano).

Lo cierto es que los sistemas de reclutamientos de la NFL y la NBA suelen ser más seductores que el de las Grandes Ligas. Por lo menos a corto plazo.

Un primer seleccionado en un draft de la NFL puede asegurar inmediatamente su futuro si logra ser fichado en un acuerdo millonario y a largo plazo.

Un novato en el béisbol, por más brillante que sea, debe conformarse con el salario mínimo (poco más de $400,000 por temporada) durante sus tres primeros años de servicio y no es hasta el cuarto cuando puede aspirar a un arbitraje salarial. En el quinto, este pelotero ya maduro puede hacerse elegible para convertirse en agente libre y venderse al mejor postor.

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